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sábado, 19 de febrero de 2011

• worst-

A medida que iba pasando el laberinto de escaleras, espejos en las paredes & atravesando las puertas que me llevaban de una habitación a otra, me iba asustando cada vez más.
Porque los relojes cambiaban bruscamente de hora, porque las habitaciones también cambiaban de forma brusca, casi violenta. Asustaba.
Hasta que llegué a una habitación sin ninguna puerta, ni escaleras. Busqué puertas escondidas, o algo. Pero no, nada.
Espejos, espejos por doquier. Era desesperante.
Entonces me vi en el espejo que tenía enfrente, &me horroricé. En el, la que me devolvía la mirada no era quien debía ser, no era yo. Era una extraña. Incluso la mirada era distinta.
Entonces, ese tic-tac de los relojes paró. Estos se detuvieron a las 12 en punto. &Sentí unas manos frías en la espalda, en el cuello.. &cuando me di vuelta lo vi.
Era la perfección humana, aunque no creía que lo fuera. Era la perfección, sin duda alguna.
Pero no humana.
Ahí, mirándome fijo con sus ojos grises &su cabello negro.
Pasó un largo rato en el que solo se oía mi respiración, &lo único que veía eran sus ojos, su mirada profunda, clavada en la mía.
Hasta que sonrío, &junto con esa sonrisa se me presentó el fin.
 Lo presentí.
Se me acercó como para besarme, pero sus labios no los sentí sobre los míos, sino en mi cuello. Suavemente apoyados en mi cuello, fríos como el hielo.
Era raro el efecto que producía. Sus labios a la temperatura de un témpano, en contacto con mi cuello, el cual parecía estar a una temperatura bastante alta, con la sangre hirviendo bajo la piel.
Entonces, sus manos se cerraron como esposas en torno a mis muñecas. A la décima de segundo, sentí algo punzante en mi cuello. &Grité, grité lo más fuerte que pude.
Como si alguien fuera a escuchar.
Ese "algo" punzante en mi cuello, me provocó un dolor peor que el de la daga de Romeo clavándose en Julieta.
Mis gritos seguían rompiendo el silencio sepulcral, que antes había sido roto por mi respiración. Pero de repente me callé, no  por decisión propia, sino porque no pude seguir.
El dolor era demasiado ya, &me faltaba el aire.
Hasta que todo empezó a oscurecer, al punto de volverse negro. Ahí me dejé caer, me hundí en la inconsciencia.
Pero con una sonrisa dibujada en mi rostro. Feliz.
Feliz por librarme de aquello, de los espejos, escaleras &laberintos. Del dolor.